Veterinario de formación y catedrático de Etología y Producción Animal de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Zaragoza, a Sierra siempre le acompañará un cahf’rcativoz pionero.
Lo fue en los trabajos de mejora genética en las razas. Prueba de ello es que llegó a crear la única raza sintética propia y reconocida de España. Se llama “Salz’ y su creación se produjo a lo largo del período 1973-1980 a partir de los cruzamientos de rasa aragonesa y sementales rornanov, programados por Isidro Sierra, con el fin de obtener animales de un alto rendimiento reproductivo (en términos de precocidad sexual, desestacionalidad y prolificidad), capacidad de adaptación a las zonas de explotación ovina de la región y características de canal y carne que rcspondieran alas exigencias del mercado tradicional del ternasco de Aragón.
Una raza que cuenta en la actualidad con un censo próximo a 7.000 cabezas, integradas en una treintena de explotaciones, ubicadas en diversos municipios zaragozanos del valle del Ebro y de zonas de regadío de las provincias de Huesca y Teruel.
Pionero fue también en la creación de lo que actualmente es la Identificación Geográfica Protegida Temasco de Aragón, un impulso a una marca de calidad que realizó prácticamente en paralelo
a la recuperación de la rasa aragonesa, que sufría un mestizaje tras dos décadas de cruces.
Sierra no solo puso su nombre a numerosas investigaciones, también fue el autor de multitud de publicaciones en las que el protagonista principal era el ganado ovino y, especialmente su came.
Un gran divulgador. No solo fue un académico, sino también un hombre pegado a la tierra, que como agente del Servicio de Extensión Agraria contribuyó a toda esa labor de difusión y asesoramiento que resultó tan clave para la modernización del campo español, gracias a la transferencia de conocimiento y a la cercanía con los agricultores.
Y sobre todo fue un gran divulgador del Ternasco de Aragón, «una tarea que desempeñaba de forma generosa y desinteresada», aseguran quienes le conocieron.
Su pasión por este apreciado producto, su conocimiento del mismo y su fácil oratoria se evidenció también el día de su ingreso en la Academia Aragonesa de Gastronomía el 26 de octubre de 2016 cuando, como cuentan las crónicas de aquel día, bajo el título ‘Ternasco de Aragón. Historia, producción y calidad’, Isidro Sierra desgranó «con un ameno y bien documentado discurso», aspectos básicos de dicho producto referentes a sus antecedentes históricos y la importancia de su producción para obtener una gran calidad.
Su curriculum es brillante y extenso y entre sus muchas apuestas por el sector ovino, este apasionado de la ganadería, «innovador en alimentación, en infraestructuras y en gestión de rebaños», como lo define Enrique Fantova, veterinario y técnico de Oviaragón-Grupo Pastores, destacó además por haber sido uno de los impulsores de la Sociedad Española de Ovino-tecnia y Capriootecnia (SECC), una asociación sin ánimo de lucro, que presidió durante años, que nació en 1975 desde la inquietud de un grupo de profesionales y docentes por intercambiar sus conocimientos, promover la investigación y sobretodo, trasladar los últimos avances sobre esta especie al mundo rural a través de sus técnicos.
Y si su trayectoria profesional fue destacada, no menos reconocidas son sus cualidades personales. «Amigo de veterinarios y pastores, comprometido y respetuoso con todo y con todos, dispuesto, amable y generoso».
Son algunos de los muchos calificativos que definían al catedrático, al que muchos profesionales del sector agradecen sus buenos consejos y celebran «la gran suerte de haber tenido la oportunidad de compartir buenos momentos con él».
Isidro Sierra se ha ido, pero nada borrará la profunda huella que ha dejado entre los rebaños aragoneses y del resto de España.
Texto y foto: Heraldo de Aragón.